VOTO ELECTRÓNICO: Los desafíos de reemplazar el lápiz y papel por un CLIC

La discusión sobre implementar la votación electrónica en los procesos electorales se abre cada cierto tiempo. Pero la vulnerabilidad de este sistema —que podría, por ejemplo, verse expuesto a una inyección de código malicioso— ha sido una de las críticas históricas.
Votar apretando el teclado de un computador es algo nuevo en Chile, aunque hemos tenido algunos ensayos. Como en diciembre de 2019 cuando 225 municipios levantaron una consulta ciudadana frente a la crisis social. O cuando, en octubre de 2018, La Reina, Las Condes y Providencia les preguntaron a los vecinos qué hacer con la laguna del Parque Padre Hurtado.

Pero, más allá de los experimentos, lo cierto es que nuestro sistema electoral contempla que ingresemos a una cámara secreta y marquemos nuestra preferencia en una cédula oficial hecha en papel con un lápiz de grafito.

En el caso del voto electrónico —que países como Suiza, Estonia y Canadá ya utilizan—, el votante debe reemplazar todo eso por un clic en un papel intangible, confiando, entre otras cosas, en que la plataforma digital no será vulnerada.

Para Pablo Viollier, abogado y analista de la ONG Derechos Digitales, con el voto electrónico se ponen en juego dos cosas importantes: que el sufragio sea personal y secreto. “En ese caso es imposible asegurar que la persona que vota no lo está haciendo frente a otra persona, que puede ser una pareja abusadora, un empleador o el jefe de familia de quien se depende económicamente”, ejemplifica.

En términos de seguridad, Viollier advierte que todos los sistemas pueden ser vulnerados, la discusión es cuántos recursos se requieren para que eso no pase. “Las empresas que diseñan las tecnologías para el voto electrónico lo hacen relativamente bien, pero sin pensar en que las elecciones son contextos adversos y puede haber actores con la intención de sabotear el proceso”.

Otro riesgo que se debe considerar es dónde quedan almacenados los datos de la votación electrónica y si podría asociarse el nombre del votante a su elección.

En este sentido, Rodrigo Fernández, gerente de Ciberseguridad de Ey, advierte que se debe garantizar el secreto del voto. “Al estar almacenado en una base de datos, podría ser manipulado o alguien podría interferir burlando los sistemas de seguridad y hacer modificaciones”, dice.

Los mecanismos de seguridad son fundamentales para que el proceso sea confiable y los ciudadanos aprueben los resultados. “Deben existir ciertos mecanismos que permitan evitar o mitigar las probabilidades en el 100% de que las elecciones se vean afectadas”, dice Fernández.

La autentificación

El sufragio personal, igualitario, secreto y voluntario está consagrado en nuestra Constitución y el cómo se conduce el proceso eleccionario está regulado por la Ley Orgánica Constitucional sobre Votaciones Populares y Escrutinios. Implementar el voto electrónico requiere necesariamente una modificación de esta normativa, lo que para Thierry de Saint Pierre, presidente de la Asociación Chilena de Empresas de Tecnología de la Información (ACTI), no es un impedimento para pasar a un sistema digital mientras se hagan los cambios pertinentes.

Sin embargo, considera más realista pensar en un mecanismo de votación mixto, en el que también exista la posibilidad de sufragar de la forma tradicional. Y para evitar riesgos de suplantación y resguardar el secreto, la propuesta de ACTI es un método de autentificación que utilice la Clave Única a la que cada chileno puede acceder para hacer trámites en el sistema público.

“Hoy las claves las usamos para todo, en el sistema bancario y en todo tipo de aplicaciones. Por supuesto que hay algunas más sofisticadas, pero la Clave Única es un primer buen mecanismo de autentificación, ya que se usa para muchos procesos”, explica.

Respecto de la alternativa de utilizar el reconocimiento facial para verificar la identidad en el sistema electrónico, Saint Pierre dice que “el uso de fotografías para comprobar identidad es un tema delicado, por la ley de protección de datos personales, y debe ser abordado con precaución y respetando la normativa”.

 

-EL CASO ALEMÁN

En 2009, la Corte Constitucional Federal de Alemania declaró inconstitucional el uso de “aparatos electorales orientados por computador” —urnas electrónicas— en las elecciones del Bundestag y la representación ante el Parlamento Europeo. Y el motivo no fue una sospecha de fraude. “Lo que pasó es que se declaró contrario al principio de entendimiento, que es el derecho de los ciudadanos a saber cómo funciona el sistema electoral, lo que se traduce no solo en votar, sino también en fiscalizar personalmente el proceso”, explica Pablo Viollier, de la ONG Derechos Digitales. En otras palabras, no se trató de un rechazo al voto electrónico en sí mismo, sino al mecanismo utilizado, argumentando que el sistema no permite la debida publicidad del proceso electoral y tampoco la fiscalización por parte de ciudadanos comunes sin conocimientos técnicos especializados.

-En un sistema de voto electrónico, ACTI propone el uso de la Clave Única para la autentificación del votante.

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